¿Qué tal, bienvenidos a otro episodio de PodHoc! Hoy tenemos una tertulia de las que hacen pensar, de las que nos hacen ver diferentes facetas de nuestro país y de la vida. Hemos tocado temas tan dispares como la cría de gallinas, la política, la economía, los medios de comunicación y hasta el mercado inmobiliario. Un menú variado, ¿verdad, José?
¡Un menú degustación digno de un buen chef, Albert! Y como siempre, con la intención de aportar rigor y diferentes puntos de vista, huyendo de la superficialidad. Que ya sabes, la profundidad es lo que nos permite realmente aprender y retener.
Exacto. Y antes de sumergirnos en este apasionante debate, quería lanzar una pregunta al aire, que creo que resume un poco la filosofía de este podcast. ¿Qué queremos? ¿Vivir en un estado todopoderoso que nos deje pequeñas cuotas de libertad que decida el Estado? ¿O queremos vivir en libertad con un Estado que tenga pequeñas cuotas donde limitarnos o regular nuestros derechos? Es la eterna dicotomía, ¿no?
Es una cuestión fundamental, y creo que en el debate de hoy vamos a ver precisamente las tensiones que surgen de esa pregunta. Porque cuando hablamos de regulaciones, de intervencionismo, de ayudas, al final siempre hay una contrapartida, ¿verdad? Y esa contrapartida es, en muchos casos, nuestra propia libertad o nuestra capacidad de prosperar.
Totalmente. Y para empezar, Jose, me contabas una anécdota que tiene que ver con el mundo rural y con las gallinas, que me parece que es un reflejo muy curioso de cómo la pasión puede llevar a situaciones extremas. ¿Qué pasó con Consuelo, la gallina?
¡Ay, Consuelo! Esa gallina es toda una historia. Marta, como sabes, tiene una conexión especial con sus gallinas, no las ve solo como ponedoras de huevos, sino casi como miembros de la familia. Y claro, cuando Consuelo se escapó y se cayó por el barranco, la reacción fue de pánico absoluto. Marta casi se corta las venas, estaba atacada.
Y la intervención de los forestales, ¿cómo fue? Porque me imagino que no se esperaban recibir una llamada para rescatar a una gallina.
Pues mira, ahí es donde ves la humanidad, ¿no? Los forestales al principio dudaron, claro, pero al final, con la insistencia de Marta y el ingenio de Juan, que les dijo que si no venían a buscar a la gallina, venían a buscar a su mujer que se había subido por el barranco, pues se animaron. Y la rescataron. ¡Imagínate el susto para todos! Y para la gallina, claro.
Es una historia que pinta muy bien la pasión de Marta por sus animales. Y hablando de pasiones, me contabas que hay una tienda online en Extremadura que vende gallinas especiales, ¿no?
Sí, sí, es curioso. Marta es clienta prioritaria, les ha comprado de todo. Y me decía que iba a ir a grabar allí con ellos, a Extremadura. Un día iremos a verla. Quien quiera una gallina así, diferente, pues puede salirle por unos 50 o 60 euros. No ponen muchos huevos, pero son especiales.
¡Qué maravilla! Y mientras tanto, José, tú andas en una odisea personal buscando a un tal Cristóbal, ¿verdad?
¡Cristóbal, el fantasma de Vilafranca del Penedès! He visto un anuncio de una granja en venta, con vivienda, con 10.000 gallinas, licencia... todo perfecto. Pero el cabrón puso el teléfono mal. Llevo dos semanas intentándolo, parezco una novia tóxica, llamando sin parar. Un drama.
Ojalá aparezca pronto. Porque vender una granja así, con esas características, no es fácil. Y si el vendedor se esconde, pues complica las cosas.
Y volviendo a las anécdotas del mundo de los negocios y de los tratos, me contabas una experiencia que rozaba lo surrealista. Un vendedor que se echa para atrás en el último momento y sube el precio.
¡Uf, esa historia me sacó de quicio! Llego a la granja, el tío pone un precio, me dice que sí, que me la vende. Le digo que al contado, que la semana que viene en notario. Y va y me suelta: "No, no, que tengo que pensármelo". ¡Pensártelo! ¡Si acabas de decir que sí! Y luego, para rematar, llama para decir que se la ha pensado mejor y que quiere 50.000 más. ¡Un jetas!
Ese es el problema de la falta de palabra, ¿verdad? Cuando no hay un compromiso real, las cosas se vuelven impredecibles y frustrantes. Y tú, ante eso, ¿qué haces? ¿Te das por vencido o contraatacas?
¡Contraataque, por supuesto! Le dije que sí, que aceptaba la subida, que viniera a firmar a Barcelona. Cuando llegue, le diré que no. Que sepa lo que es perder un día entero de viaje para nada. ¡No queremos guarros, queremos gente con palabra!
Y ante este tipo de situaciones, la tentación de tirar la toalla es grande. Pero tú, José, pareces tener un espíritu de lucha admirable. Ahora, hablando de negocios, me comentaste que estabas explorando nuevas vías de monetización para el podcast. ¿Qué se te ha ocurrido?
Pues mira, inspirado por otros podcasts que facturan cifras millonarias, he creado este cartel. La idea es que alguna marca o empresa pague por tener su logo aquí, en un espacio privilegiado. Buscamos patrocinador, que nos haga la vida más fácil y nos permita seguir creando contenido de calidad. ¡Cualquier empresa que quiera sumarse a nuestra aventura podquística, que deje un formulario en la descripción!
Me parece una iniciativa interesante. Y me gusta la idea de que sea una puja, una subasta, para que haya dinamismo y competencia. Aunque he de decir, el cartel podría estar un poquito más currado, ¿no? Quizás con una imagen más potente, más llamativa.
¡Oye, que lo he hecho a las 5 de la mañana, eh! Y el objetivo principal es atraer patrocinadores para poder seguir haciendo esto. Trade Republic, por ejemplo, es nuestro sponsor de hoy, y les damos las gracias por hacer posible este episodio.
Y hablando de Trade Republic, José, tú eres usuario, ¿verdad? ¿Qué te parece la aplicación?
¡Me encanta! Es súper sencilla, intuitiva. Además, ahora ya tiene IBAN español, así que no hay líos con bancos alemanes. Puedes domiciliar la nómina y el dinero cae directo en tu cuenta remunerada, ¡que sigue al 2,02%! Cada mes que pasa, tu dinerito va creciendo, mientras que en los bancos tradicionales, se lo quedan ellos.
Y además de la cuenta remunerada, ¿qué más ofrece Trade Republic?
Puedes invertir en ETFs, en Bitcoin, ahora tienen private equity, y lo que me parece genial es la cuenta infantil. Yo, por ejemplo, uso mucho el SafeBack: vas con tu tarjeta, compras algo, y te devuelven un porcentaje en acciones. Yo lo tengo puesto en oro, ¡y mira que el oro está subiendo!
¡Increíble! Y hablando de oro, Albert, tú que tienes experiencia política, ¿qué te parece la tendencia a la intervención estatal en todos los ámbitos? ¿Es necesaria una mayor regulación o un estado más ligero?
Creo que es un debate crucial. Por un lado, el Estado tiene que garantizar unos mínimos, una seguridad, una justicia. Pero cuando ese Estado se vuelve todopoderoso y nos limita en exceso, ahí es donde empiezan los problemas. La línea entre proteger y oprimir es muy fina.
Y tú, Albert, que has estado en el Parlamento de Cataluña y en el Congreso, ¿cómo ves el funcionamiento del sistema? ¿Crees que se prima el interés partidista sobre el interés general?
Definitivamente. El sistema parlamentario, en teoría, busca el equilibrio, pero la realidad es que la mayoría parlamentaria suele tener mucho más poder. Y cuando esa mayoría se centra en el interés de partido, se pierden de vista las necesidades de los ciudadanos. Falta debate, falta espontaneidad, y lo más grave, falta valentía para afrontar problemas reales, como las pensiones o la fiscalidad.
Y volviendo a temas más tangibles, la vivienda. Albert, tú que has trabajado en ello, ¿cómo se soluciona el problema del acceso a la vivienda? ¿Es simplemente cuestión de liberalizar el suelo?
El problema de la vivienda es complejo, pero creo que hay una clave fundamental: la oferta y la demanda. Si no se construye suficiente vivienda, y la demanda sigue creciendo, los precios se disparan. Y aquí entra en juego la burocracia, la fiscalidad, y la ideología. En lugar de facilitar la construcción, se tiende a criminalizar al propietario o al promotor.
Y en este contexto, ¿qué papel deberían jugar los medios de comunicación? ¿Son verdaderos contrapesos o a veces se convierten en herramientas de manipulación?
Es un tema delicado. Los medios de comunicación, para ser serios, deberían ser independientes y buscar la verdad. Pero la realidad es que muchos dependen de financiación, de patrocinadores, de intereses políticos. Y eso, inevitablemente, influye en su línea editorial. Como decía Albert, a veces parece que se encargan noticias para atacar a determinados empresarios o políticos, en lugar de informar objetivamente.
Y esa falta de objetividad, sumada a la carga fiscal y a la burocracia, ¿no crees que desincentiva a los empresarios a crear empleo y a invertir en España?
Sin duda. España es un país que, en muchos aspectos, no cuida a sus empresarios. Se les señala, se les critica, y eso genera un sentimiento de desánimo. Como decía Albert, en lugar de admirar a quienes generan riqueza y empleo, a veces se les envidia o se les ataca. Y esa envidia, que no es sana, es un lastre para el progreso.
Y esa envidia, ¿crees que está arraigada en nuestra cultura, en nuestra historia? ¿Nos cuesta admirar el éxito ajeno?
Pienso que sí. Nuestra historia, quizás, nos ha llevado a tener una autoestima colectiva algo dañada. Y eso se manifiesta en esa envidia, en esa dificultad para reconocer y valorar el éxito de los demás. En lugar de decir "te admiro", decimos "envidia sana", que es como decir "te envidio, pero no puedo hacerte daño". Y eso no es sano, es una manifestación de inseguridad.
Y hablando de figuras admirables, ¿qué te parece la labor de Amancio Ortega? ¿Crees que sus donaciones contra el cáncer son un gesto sincero o busca lavar su imagen?
Yo creo que es un gesto sincero y necesario. Amancio Ortega ha construido un imperio, ha generado riqueza y empleo, y además colabora activamente con la sociedad. Criticarle por eso es, como decía Albert, una falta de visión y de generosidad. Si las administraciones públicas no son capaces de cubrir todas las necesidades, que vengan las fundaciones y colaboren.
Y en ese sentido, Albert, tú que has vivido la política desde dentro, ¿qué te ha parecido el uso de los contratos de urgencia durante la pandemia? ¿Se han aprovechado para fines ilícitos?
El contrato de urgencia es una figura jurídica necesaria en momentos de crisis. Pero, como todo, puede ser abusada. Y sí, hemos visto casos, como el del caso Koldo, donde esa figura se ha utilizado para lucrarse. Lo preocupante es que esa agilidad que se aplica en casos de corrupción, no se aplica para ayudar a las víctimas de catástrofes naturales o para agilizar trámites burocráticos necesarios para la ciudadanía.
Y esa lentitud de la administración, ¿no crees que es uno de los grandes males de España? El ciudadano de a pie tiene que cumplir al milímetro, mientras que el Estado, a veces, actúa con una lentitud exasperante.
Exacto. Hay un desequilibrio flagrante entre los derechos y las obligaciones. El Estado exige celeridad en el pago de impuestos y cotizaciones, pero a la hora de responder a consultas o de agilizar ayudas, los plazos se alargan indefinidamente. Y si hablamos de justicia, los tiempos son exasperantes. Eso genera frustración y desconfianza en el sistema.
Y esa desconfianza, ¿no crees que es lo que lleva a la gente a sentir que el sistema está hackeado, que algunos se aprovechan de él?
Precisamente. Las democracias se desmontan desde dentro. Y cuando la ciudadanía percibe que las reglas del juego no son iguales para todos, que hay corrupción, que hay falta de transparencia, la fe en el sistema se erosiona. Y eso, amigos míos, es muy peligroso.
Y para rematar, hablando de temas que nos afectan a todos, el tema de la vivienda. Albert, tú que has defendido posturas más liberales, ¿cómo ves las políticas de vivienda actuales? ¿Son eficaces?
Las políticas actuales, en mi opinión, se centran demasiado en la criminalización de la demanda y la oferta, en lugar de abordar el problema de fondo: la falta de construcción y la burocracia. Liberalizar el suelo, agilizar los trámites, incentivar la inversión privada, y sobre todo, bajar la carga fiscal sobre la vivienda, son medidas clave. Porque, al final, la ley de la oferta y la demanda es implacable. Si no hay oferta, los precios suben. Y si se penaliza al que construye o al que alquila, pues, obviamente, habrá menos oferta.
Y esto, ¿no te parece que es un ejemplo más de cómo la ideología se impone a la economía?
En gran medida, sí. La ideología, a veces, nos lleva a tomar decisiones que, a la larga, perjudican a la sociedad. Prohibir, regular en exceso, criminalizar al que tiene éxito... esas no son las vías para construir una sociedad próspera. Debemos buscar el equilibrio, incentivar la iniciativa privada, y sobre todo, confiar en la capacidad de los ciudadanos para tomar sus propias decisiones.
Y en ese sentido, ¿qué papel deben jugar los medios de comunicación? Porque a veces se ven titulares que criminalizan a empresarios, como el de José Elías, que mencionábamos antes.
Es un ejemplo perfecto de cómo se manipula la información. Un titular sensacionalista, sacado de contexto, para atacar a alguien. Y eso, lamentablemente, es muy común hoy en día. Los medios, en lugar de informar, a veces se convierten en altavoces de intereses partidistas o personales. Y eso daña la credibilidad del periodismo y, en última instancia, de la propia democracia.
Y ya para cerrar, hemos hablado de política, economía, medios, vivienda... ¿Qué conclusión sacamos de todo esto? ¿Hay esperanza o estamos en un punto de no retorno?
Yo creo que siempre hay esperanza. España tiene mucho potencial, gente trabajadora, gente innovadora. El problema es que a veces, la ideología, la burocracia y la envidia nos frenan. Pero si somos capaces de tener una visión a largo plazo, de incentivar la iniciativa privada, de bajar impuestos y de confiar en nuestros ciudadanos, podemos salir adelante. No es fácil, pero tampoco es imposible.
¡Pues con esa nota de optimismo, nos despedimos por hoy! Ha sido un placer debatir con vosotros y esperamos que nuestros oyentes hayan encontrado valor en esta conversación. ¡Hasta la próxima!
¡Hasta la próxima, amigos! Y recordad, la reflexión es el primer paso hacia el cambio.
